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martes, 31 de marzo de 2020

El líder trepa


          Una de las características físicas de los monos es que tienen la facilidad para trepar o desplazarse en los árboles. La mayoría de ellos aprovechan esa cualidad para dominar el territorio donde se encuentran. En cualquier tipo de sociedad ocurre algo parecido. Existen individuos que tienen la capacidad de desarrollar unas cualidades mejor que sus congéneres y se aprovechan de dichas habilidades para ejercer el dominio o influencia sobre ellos.

       Algunas personas, además del mayor o menor parecido físico o semejanza con los primates, dedican sus mejores esfuerzos para trepar a lo largo de la escala social. Consideran que, encaramarse por encima de sus semejantes, les proporciona ventajas y beneficios a los que no están dispuestos a renunciar. A los denominados “trepas”, les distingue la carencia de valores altruistas y el exceso de egocentrismo. Se autocalifican implícitamente, como maravillosos y no permiten que nadie brille más que ellos.

       La máxima personal en la consecución de objetivos es realizar todo lo que sea posible para figurar por encima de los demás. No les importa a quien maltraten o pisen, ni las nefastas consecuencias de las acciones que ejerzan. Si necesitan mentir, se miente. La coherencia personal se cambia por la adaptación a lo que conviene para subir. Lo mismo da Diego que digo, sí o no, blanco o negro con tal de quedar bien, sumar puntos, aparecer como oportuno o bueno.

       Poco a poco van encaramándose aplastando las cabezas de sus iguales. En aras de cumplir la misión que les ha encomendado el líder, ese gran mono que se encuentra en la cúpula de sus sueños. Bien sea por su dinero o, normalmente por su poder. A este gran mono lo adoran y, por tanto,  todo honor y toda gloria. Porque esas son dos de sus principales consignas: honor y gloria. Honor, como la cualidad que impulsa a hacer lo correcto, el deber moral. Gloria, como felicidad máxima que cumple la voluntad de su líder. Honor y gloria que ha definido el líder como la fidelidad a sus directrices en ciega obediencia.

El gran mono omite, es decir se calla de manera voluntaria, la creencia personal de sentirse el mismísimo dios. El gran mono, por excelencia. El salvador de todos los monos trepa que existen bajo sus pies. A todos aquellos que no siguen sus reglas se les corta la rama donde pisan y caen al suelo estrepitosamente.

Para llegar a ser gran mono se necesitan monos pequeñitos. Lo grande no existe sin lo pequeño. El gran mono será más grande cuantos más monitos le imiten. El gran mono desaparecerá cuando no haya monitos que le sigan. Al gran mono le gustan los fastos, las ceremonias, las corbatas, las condecoraciones, las medallas, los fuegos artificiales, “los don y los din”, especialmente los “din-eritos”. Las reverencias y las eminencias, las coronas de todo tipo, los birretes con borlas, báculos y varas de mando, togas con esclavinas y boatos. Glorias y fuegos fatuos que confundan al vulgo. Luces y timbales que anuncien el honor y tapen el horror y el error.

Los pobres monitos trepas son los encargados de servir y preparar la gran fiesta del gran mono. Acuden por imperativo legal a los actos de adoración y de oración, si fuera necesario. A inclinar su cuerpo en señal de sumisión, a clavar las rodillas en el mármol de Carrara que ha despilfarrado el gran mono. A oler su trasero y tragarse sus excrementos a cambio de escalar a una ramita más alta. Y de esa manera, podrán pagar las letras del todoterreno recién comprado, o la hipoteca de la casa, o las clases de piano para el niño, o los fines de semana esquiando en la nieve.

Los monitos trepas solo deben asentir, en todo, al líder. De lo contrario perderán la zanahoria que les ha puesto delante de sus narices y de paso también perderán el coco. Poquito a poquito, Despacito… como entona la canción de Luis Fonsi. Hasta quedarse sin criterio y pensamiento propio. Llegados a este nivel de sumisión, son totalmente irresponsables, es decir, incapaces de responder por nada. Simplemente se limitan a imitar al gran mono y ser monitos, que para eso les pagan. Son unos mandados, unos pagados. Eso sí, casi a la altura del gran mono. Tal vez, un día consiga el monito trepa ascender al puesto del líder trepa.



viernes, 20 de marzo de 2020

¡APLAUDIR!



Aplaudir a todo el personal sanitario, personal de limpieza, celadores, servicios de ambulancia, personal de mantenimiento, administrativo, auxiliares, enfermería, médicos, etc… Agradecer con el mayor cariño.  Apoyar con los medios a nuestro alcance. Corresponder con generosidad y reconocer su esfuerzo, su vocación de servicio. ¡APLAUDIR!

Aplaudir a los servicios de emergencia, al 061 y al 112, protección civil, a la policía con el apellido que le corresponda, a la guardia civil, a la UME y a los militares, a los funcionarios y a todas las personas que en estos momentos están prestando un servicio a la sociedad. Con el mismo cariño y generosidad. ¡APLAUDIR!

Aplaudir a todas las personas que realizan su trabajo. De alguna manera están contribuyendo a mantener los servicios básicos agua, electricidad, alimentos, medicinas, etc. En silencio, con preocupación y miedo, como la mayoría de la población, pero con responsabilidad. ¡APLAUDIR!

Aplaudir a todas aquellas personas que me resultaría difícil enumerar por mi desconocimiento de su labor y que seguramente será muy importante. ¡APLAUDIR!

Porque aplaudir es animar a todo el mundo. Es inocular un virus bueno que genera esperanza, ganas de luchar, esfuerzo por conseguir un fin. Ovacionar a quienes están interesados por el bien común, por salir del barro en el que nos encontramos. Aplaudir no es hacer ruido, protestar, manifestar queja sobre algo o alguien. Aplaudir es felicitar, premiar, estimular positivamente para mejorar lo que ya se está haciendo. ¡APLAUDIR!

domingo, 15 de marzo de 2020

Un poco de sentido común


Un poco de sentido común

         No nos volvamos locos. El coronavirus está presente. Es una realidad. Se contagia a velocidades vertiginosas. Y, aunque todo el mundo lo sabe, no sé si se toma en serio y con sentido común.
         Si las autoridades médicas explican qué es lo más adecuado para vencer al virus, pues hágase. Sin pensar que esas recomendaciones son para los demás y no para mí. No hay excusas que valgan.
         Se queda uno en casa y punto. No se trata de protegerse pensando en uno mismo. De nada sirve, si el resto de la población está desprotegida. Al final el “listo” que sólo piensa en sí mismo también se contagiará. Es una cuestión de sentido común.
         Tampoco se trata de coger miedo irracionalmente. Tomar el suficiente como para no tropezar en la misma piedra. Tenemos ejemplos conocidos en otros países. ¡Pues eso!
         El sentido común nos induce a pensar que, para vencer el virus, todas las personas debemos estar dispuestas a colaborar. Sin que nos vean, sin que nos multen, sin que nos aplaudan, sin egoísmo. Simplemente con responsabilidad y aplicando el sentido común.  

viernes, 13 de marzo de 2020

El rey virus


Y, ¿tú quién eres?
No nos han presentado, no te conozco.
Desde que oí tu nombre, empecé a tener cuidado.

Me contaron que traías malas intenciones
y el recelo se instaló en mi casa.
Conseguiste perturbar a los míos.

Ahora me abruman las dudas.
La turbación me está ganando la partida
y tú, te ríes en la sombra, a mis espaldas.

Desconfío. Sospecho que amenazas con quedarte.
Sabemos de tu familia, de tus vecinos
a quienes ya les vencimos.

Recién nacido infundes pavor y pánico.
Ansiedad, angustia, preocupación.
Comienzas a ser verdadera pesadilla.

Te crees rey por tu corona.
Estremece no saber dónde estás escondido.
Cobarde coronavirus.



lunes, 9 de marzo de 2020

Coronavirus


         Se cuenta, se dice que en China un virus real –por lo de corona- está acampando a sus anchas entre la población. Parece ser una especie de gripe muy contagiosa que solo afecta a las personas mayores. ¡Vamos! Afectar en el sentido más fuerte. Se van al otro barrio. Para el resto de la población, pues nada, un resfriadillo del tres al cuarto. Al mismo tiempo están construyendo a toda máquina hospitales para tratar al dicho virus, mejor dicho, a las personas que lo padecen. El médico chino que destapó la pandemia falleció. ¡Qué casualidad! Todo un héroe. A miles de chinos se les obliga a pasar cuarentena. ¡Qué digo miles, millones! ¡Aquí no se mueve nadie! Lo ordena la autoridad dictatorial del régimen. ¡Menos mal! Porque es una de las pocas ventajas de los regímenes no democráticos. Ya se está difundiendo la noticia de que el número de muertos y contagiados en China va disminuyendo. Todo un alivio.
         En Europa y el resto del mundo ya se está contagiando del coronavirus, cada país a un ritmo diferente. Y aquí es donde me encuentro con infinidad de dudas. Si el bicho ese es tan malo malísimo, por qué no se hace todo lo posible, cueste lo que cueste, para ganarle la batalla. Creo que no me he enterado bien del tema. Los sesudos dirigentes científicos y los responsables del gobierno, afirman que hay que guardar un equilibrio entre el pánico que se puede generar en la población y las consecuencias económicas de determinadas decisiones. Y para aclararme, me ponen ejemplos prácticos. Nada de aglomeraciones de personas en eventos. Partidos de baloncesto, o fútbol a puerta cerrada. Carreras de maratón no, que pueden venir de fuera y contagiar a los oriundos. Manifestaciones sí, todos juntitos. Controlar a los que viajan en avión, no. Quienes se acercan a una sala de espera de un hospital, tampoco. Los policías que vigilan la entrada de los hospitales van con mascarilla. Las autoridades dicen que las mascarillas solo las deben llevar quienes portan el virus y el personal sanitario. Como conclusión final: hay que lavarse las manos las veinticuatro horas del día, para prevenir. No pasa nada.
         Bueno, un pequeño detalle se me olvidaba. ¿Tendrá algo que ver el coronavirus con la bajada bestial de las cotizaciones de la bolsa en todo el mundo? Muchas empresas carecen de suministros para seguir fabricando sus productos. El petróleo baja su producción, se fomenta el trabajo desde el domicilio familiar, algunos colegios cierran las puertas durante una temporada. No puedes comprar una mascarilla en una farmacia, etc… Pero… no pasa nada. Si se nota algún síntoma parecido a la gripe, tienes fiebre, pues llamas a un teléfono específico para realizar esas consultas. No puedes hablar con nadie porque el teléfono, está saturado de llamadas. También puedes llamar al 112 o al 061. Te recomendarán que no salgas de casa, que te irán a ver. Todo el mundo tiene que estar tranquilo. ¡Que no cunda el pánico!
         Gracias, muchas gracias por la información, excelentísimos gobernantes. Ahora ya sé qué es lo que tengo que hacer. Si soy creyente en alguna religión, rezo. Y si no, espero a las resultas de lo que el destino me tiene preparado.