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viernes, 30 de octubre de 2020

No apto para personas débiles


 

      

             Si estás pensando que eres una persona débil, vulnerable y con muy pocas fuerzas no sigas leyendo. ¿Total para qué? Ya has tomado la decisión de abandonarte al destino como una hoja de árbol que se la lleva el viento donde le place. Si te has creído que no sirves para nada y que eres muy poca cosa. Si sospechas que la mayoría de las personas son mucho mejores que tú. Si continuamente te estás comparando con otros y la mala suerte se ha cebado contigo, te repito: No sigas leyendo, ¡por favor!

    ¿Todavía estás ahí? Pues es señal de que no eres tan frágil. Al menos consideras que tienes una fuerza interior que desconocen los demás y, posiblemente hasta tú mismo. Seguramente te has planteado muchas veces qué haces en este universo, en esta tierra, en este país, en esta ciudad o en este pueblo. Como yo, supongo que como todo el mundo. ¿Has llegado a alguna conclusión que te satisface? Pues ¡enhorabuena! ¿No has llegado a tener nada absolutamente claro? ¡Pues bienvenido al club de los dubitativos!

    Porque, ¿no estarás esperando a que alguien te dé la solución a estos interrogantes vitales? Y si alguien lo ha hecho y te lo has creído a pies juntillas, piénsalo en profundidad. ¡Por si acaso!

    Tal vez hayas tomado la decisión de no darle vueltas a estas cosas. Eres libre. Si eres consciente de quién eres, de verdad, ¿qué más quieres ? Piensa en ti. Sin más. Abandona el sentimiento de egoísmo que te reprime asir lo mejor que llevas dentro. Ahí estás, con toda la fuerza del mundo. Deséate lo mejor. Descubre tu propia energía personal. Vive con sentido y no podrás retener en tu interior tanta riqueza. La fortuna o la suerte se derrama de forma gratuita como el agua del río. Y a ese cauce se acercan las personas que te quieren, aunque no lo sepas.

 

 


lunes, 5 de octubre de 2020

Queridos televidentes

 

         Queridos televidentes y televidentas dejad siempre la tele encendida. Dejad que los anuncios de todas las marcas entren en vuestras casas. Marcas de coches que te suben al cielo y no te enteras por el gustirrinín de conducir. De colonias o aguas que huelen. Esas que se rocían los guaperas que se van al desierto a tirar una palada de arena hacia el viento y yo nunca he entendido para qué.  De papel higiénico bañado en oro que acaricia el canalillo a su paso dejando una fragancia inusitada y perfecta. De compresas o tampones que evitan situaciones de mal gusto y son divinas de la muerte. Pañales absorbentes de litros y litros de orines infantiles que se convierten en gel desechable. De melones, no de gente cabezuda, sino de esa fruta que, en el mejor de los casos, es dulce, refrescante y muy agradable. De móviles 8000 G, con pantalla de quinta dimensión, sumergibles en litronas y chocolate, capaces de resolver inextricables problemas que nadie se plantea.

         No apaguéis esa pantalla maravillosa que domina los cuartos de estar de la mayoría de las casas. Disfrutar con los concursos de las ruletas de la fortuna y comprobar a los genios que se lo saben todo. Sorprendeos con los secretos de los famosillos que han salido en las teles porque han engañado a sus parejas y han fingido como que eran unos desgraciados/as. Envidiar a los concursantes de gran hermano, de cocinillas prematuros o de voces privilegiadas que van a ser famosos y ganar una pasta en cuatro días. Elaborar concienzudamente vuestros criterios de opinión ante las argumentaciones que se ofrecen en las tertulias políticas y de actualidad. Observad a los insignes periodistas que cobran del partido al que defienden, cómo echan la porquería a su colega adversario. Centraos especialmente en las noticias de cualquier cadena. Allí recibiréis la información que le conviene al gobierno de turno. Constatar el martilleo de eslóganes, más o menos filosóficos, que pretenden uniformar a la población con un determinado pensamiento.

         Si apagáis la televisión podéis tener la desgracia de saliros del guion mediático y eso puede suponer un grave riesgo. ¿Mira que si os da por leer algún libro y vuestro conocimiento se abre a nuevas posibilidades? ¡Ojo que puede ser muy peligroso! ¡Ni se os ocurra! ¡Por favor!

viernes, 2 de octubre de 2020

MEMORIA

 

“Los profesores dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo a repetir datos, informaciones, conocimientos que anteriormente han sido descubiertos por otras personas. Repasamos la historia que nos han transmitido, realizamos ejercicios de matemáticas, listamos los afluentes de los ríos o hacemos que conjuguen los verbos, una y otra vez, hasta que se los sepan de memoria. Es bueno y lo veo necesario. Pero si lo único que hacemos es esa tarea, tal vez estemos reduciendo la educación a conseguir personas con una imprescindible y buena memoria. Observa el contenido de los exámenes. Todos los examinandos dedican más del noventa por ciento de sus tiempo en memorizar los contenidos sobre los que se van a examinar. Luego, ¿qué estamos potenciando?: La memoria.

 

Yo mismo he comprobado que, cuando estoy explicando mis asignaturas y quiero demostrar la falta de atención de mis alumnos, les pregunto con esta o parecidas frases: “¿Puedes repetir lo que he dicho?” Memoria. Pienso en las notas que reciben y al final concluyo que la ponderación más alta de la valoración es su capacidad de recordar conocimientos. Memoria. Estamos convirtiendo a nuestros alumnos en unos magníficos magnetófonos. Primero se les obliga a pulsar el botón de grabación y posteriormente se les exige pulsar el botón de reproducción. Memoria.

 

A los chavales que no estudian, los adultos les tildamos de irresponsables con la argumentación simple: “Estás en edad de estudiar, esa es tu responsabilidad, y si lo único que tienes que hacer es estudiar y no lo haces, eres un irresponsable”. Más o menos es como si a nosotros nos dijeran: “estás en edad de trabajar, esa es tu responsabilidad, y si lo único que tienes que hacer es trabajar y no lo haces, eres un irresponsable”. Escuchar esta afirmación desentona en nuestros oídos y sin embargo no pensamos que la afirmación anterior también chirríe en los oídos de nuestros alumnos. Y nos quedamos tan tranquilos diciendo: “eso es diferente”.  Pues no, yo creo que es igual.

 

Los jóvenes necesitan disponer de ámbitos en los que puedan desarrollar sus iniciativas. Están en una edad propicia para experimentar, ensayar, probar con nuevas cosas. La escuela es un espacio ideal para ello. Sin embargo, ¿a qué nos dedicamos los profesores? A obligarles a repetir, a memorizar. Si alguien se sale del canasto, enseguida le presionamos para reorientar su actitud. Volver al carril. Seguramente la culpa no la tenemos nosotros. También nos hemos educado en el mismo sistema y nos parece normal comportarnos de esta manera. Pero yo no lo tengo tan claro. Que quieres que te diga…”

 Tomado de mi libro: “¿Para qué fui a la escuela?”