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viernes, 20 de marzo de 2020

¡APLAUDIR!



Aplaudir a todo el personal sanitario, personal de limpieza, celadores, servicios de ambulancia, personal de mantenimiento, administrativo, auxiliares, enfermería, médicos, etc… Agradecer con el mayor cariño.  Apoyar con los medios a nuestro alcance. Corresponder con generosidad y reconocer su esfuerzo, su vocación de servicio. ¡APLAUDIR!

Aplaudir a los servicios de emergencia, al 061 y al 112, protección civil, a la policía con el apellido que le corresponda, a la guardia civil, a la UME y a los militares, a los funcionarios y a todas las personas que en estos momentos están prestando un servicio a la sociedad. Con el mismo cariño y generosidad. ¡APLAUDIR!

Aplaudir a todas las personas que realizan su trabajo. De alguna manera están contribuyendo a mantener los servicios básicos agua, electricidad, alimentos, medicinas, etc. En silencio, con preocupación y miedo, como la mayoría de la población, pero con responsabilidad. ¡APLAUDIR!

Aplaudir a todas aquellas personas que me resultaría difícil enumerar por mi desconocimiento de su labor y que seguramente será muy importante. ¡APLAUDIR!

Porque aplaudir es animar a todo el mundo. Es inocular un virus bueno que genera esperanza, ganas de luchar, esfuerzo por conseguir un fin. Ovacionar a quienes están interesados por el bien común, por salir del barro en el que nos encontramos. Aplaudir no es hacer ruido, protestar, manifestar queja sobre algo o alguien. Aplaudir es felicitar, premiar, estimular positivamente para mejorar lo que ya se está haciendo. ¡APLAUDIR!

domingo, 15 de marzo de 2020

Un poco de sentido común


Un poco de sentido común

         No nos volvamos locos. El coronavirus está presente. Es una realidad. Se contagia a velocidades vertiginosas. Y, aunque todo el mundo lo sabe, no sé si se toma en serio y con sentido común.
         Si las autoridades médicas explican qué es lo más adecuado para vencer al virus, pues hágase. Sin pensar que esas recomendaciones son para los demás y no para mí. No hay excusas que valgan.
         Se queda uno en casa y punto. No se trata de protegerse pensando en uno mismo. De nada sirve, si el resto de la población está desprotegida. Al final el “listo” que sólo piensa en sí mismo también se contagiará. Es una cuestión de sentido común.
         Tampoco se trata de coger miedo irracionalmente. Tomar el suficiente como para no tropezar en la misma piedra. Tenemos ejemplos conocidos en otros países. ¡Pues eso!
         El sentido común nos induce a pensar que, para vencer el virus, todas las personas debemos estar dispuestas a colaborar. Sin que nos vean, sin que nos multen, sin que nos aplaudan, sin egoísmo. Simplemente con responsabilidad y aplicando el sentido común.  

viernes, 13 de marzo de 2020

El rey virus


Y, ¿tú quién eres?
No nos han presentado, no te conozco.
Desde que oí tu nombre, empecé a tener cuidado.

Me contaron que traías malas intenciones
y el recelo se instaló en mi casa.
Conseguiste perturbar a los míos.

Ahora me abruman las dudas.
La turbación me está ganando la partida
y tú, te ríes en la sombra, a mis espaldas.

Desconfío. Sospecho que amenazas con quedarte.
Sabemos de tu familia, de tus vecinos
a quienes ya les vencimos.

Recién nacido infundes pavor y pánico.
Ansiedad, angustia, preocupación.
Comienzas a ser verdadera pesadilla.

Te crees rey por tu corona.
Estremece no saber dónde estás escondido.
Cobarde coronavirus.



lunes, 9 de marzo de 2020

Coronavirus


         Se cuenta, se dice que en China un virus real –por lo de corona- está acampando a sus anchas entre la población. Parece ser una especie de gripe muy contagiosa que solo afecta a las personas mayores. ¡Vamos! Afectar en el sentido más fuerte. Se van al otro barrio. Para el resto de la población, pues nada, un resfriadillo del tres al cuarto. Al mismo tiempo están construyendo a toda máquina hospitales para tratar al dicho virus, mejor dicho, a las personas que lo padecen. El médico chino que destapó la pandemia falleció. ¡Qué casualidad! Todo un héroe. A miles de chinos se les obliga a pasar cuarentena. ¡Qué digo miles, millones! ¡Aquí no se mueve nadie! Lo ordena la autoridad dictatorial del régimen. ¡Menos mal! Porque es una de las pocas ventajas de los regímenes no democráticos. Ya se está difundiendo la noticia de que el número de muertos y contagiados en China va disminuyendo. Todo un alivio.
         En Europa y el resto del mundo ya se está contagiando del coronavirus, cada país a un ritmo diferente. Y aquí es donde me encuentro con infinidad de dudas. Si el bicho ese es tan malo malísimo, por qué no se hace todo lo posible, cueste lo que cueste, para ganarle la batalla. Creo que no me he enterado bien del tema. Los sesudos dirigentes científicos y los responsables del gobierno, afirman que hay que guardar un equilibrio entre el pánico que se puede generar en la población y las consecuencias económicas de determinadas decisiones. Y para aclararme, me ponen ejemplos prácticos. Nada de aglomeraciones de personas en eventos. Partidos de baloncesto, o fútbol a puerta cerrada. Carreras de maratón no, que pueden venir de fuera y contagiar a los oriundos. Manifestaciones sí, todos juntitos. Controlar a los que viajan en avión, no. Quienes se acercan a una sala de espera de un hospital, tampoco. Los policías que vigilan la entrada de los hospitales van con mascarilla. Las autoridades dicen que las mascarillas solo las deben llevar quienes portan el virus y el personal sanitario. Como conclusión final: hay que lavarse las manos las veinticuatro horas del día, para prevenir. No pasa nada.
         Bueno, un pequeño detalle se me olvidaba. ¿Tendrá algo que ver el coronavirus con la bajada bestial de las cotizaciones de la bolsa en todo el mundo? Muchas empresas carecen de suministros para seguir fabricando sus productos. El petróleo baja su producción, se fomenta el trabajo desde el domicilio familiar, algunos colegios cierran las puertas durante una temporada. No puedes comprar una mascarilla en una farmacia, etc… Pero… no pasa nada. Si se nota algún síntoma parecido a la gripe, tienes fiebre, pues llamas a un teléfono específico para realizar esas consultas. No puedes hablar con nadie porque el teléfono, está saturado de llamadas. También puedes llamar al 112 o al 061. Te recomendarán que no salgas de casa, que te irán a ver. Todo el mundo tiene que estar tranquilo. ¡Que no cunda el pánico!
         Gracias, muchas gracias por la información, excelentísimos gobernantes. Ahora ya sé qué es lo que tengo que hacer. Si soy creyente en alguna religión, rezo. Y si no, espero a las resultas de lo que el destino me tiene preparado.  

jueves, 27 de febrero de 2020

Falsedad


Carece de verdad
la falsedad.
Decir lo que no es,
engañifa aparente
del valor podrido.

Estafar con fraude y
embustes adornados
de colores fatuos
que infundan esperanzas.

Dobleces,
tergiversación de los sentidos,
falacias alevosas
o palabras embrolladas.

Paparruchadas, infundios
vertidos al barro público.
Bulos para manejar conciencias,
falsías hipócritas.

Trolas, fingimientos,
imposturas a conciencia.
Disimulos y engaños.
Simples mentiras.

martes, 18 de febrero de 2020

¿Para qué fui a la escuela?

Un solo hombre puede representar a toda la humanidad, y a nuestro personaje le bastó con el análisis sincero y razonado de sus vivencias para saber que el objetivo de la educación (y en eso parece haber un acuerdo unánime), es dotar a los jóvenes de las herramientas más útiles con las que pudieran resolver en el futuro sus particulares vivencias. Tras un lúcido análisis de los mil y un aspectos a los que hay que hacer frente en toda comunidad escolar (responsabilidad, motivación, creatividad, autonomía, autoridad, afecto, autoestima, solidaridad…), el profesor, tutor, psicólogo y orientador Rafael Roldán defiende la sencillez de nuestro tan, aparentemente, complejo objetivo con estas breves palabras: Ser educador no es una profesión, sino una actitud ante la vida.

Si te interesa leerlo: rfarolop@gmail.com

sábado, 15 de febrero de 2020

¿Sirven los políticos?


Llegué a pensar que los políticos estaban para intentar solucionar los problemas de los ciudadanos. ¡Ingenuo de mí! Los políticos y “las políticas” están a sus cosas.

Que si sois de izquierdas, que si sois de derechas. Tú, sí que eres facha y tú comunista. ¡Ay!, fíjate la herencia que nos dejó el partido “x”. ¡Ay!, lo que nos vamos a gastar  del erario público para mantenernos como el principal partido político. Tal asunto es legal, aunque no sea legítimo, ni ético. Las mayorías democráticas se pueden acallar sembrando las falacias de las mayorías sociales. Las previsiones de crecimiento, la subida del paro, el déficit, la ralentización de la economía, las pensiones dignas, el sueldo de los funcionarios, el salario mínimo…
¡Qué interesante!
Y, a mí,  ¿qué me importa?
Señoras políticas y señores políticos:
Me interesa saber cuánto me suben el sueldo y cuánto se lo suben sus señorías.
Me interesa saber cuánto tengo que cotizar para garantizar mi pensión digna y cuánto cotizan sus señorías.
Me interesa comprobar que sus señorías no tienen ningún privilegio respecto al resto de ciudadanos.
Me interesa comprobar que no son políticos de profesión, sino que sus señorías tienen una profesión y durante un periodo corto están ejerciendo de políticos al servicio de la gente.
Me interesa ver que las listas de espera en la sanidad pública son cada vez menores.
Me interesa comprobar cómo la educación de nuestros hijos es cada vez mejor. Primero, porque se forma a buenas personas y, segundo, porque se preparan profesionales competentes.
Me interesa comprobar que entre la política y la justicia no existen tejemanejes.
Y si evidencio que hay periodistas que lo mismo defienden o critican a partidos de diferente signo, pensaré que estoy soñando.
Por todo ello, me pregunto: ¿los políticos sirven para algo a la sociedad?

sábado, 8 de febrero de 2020

10 claves para profesores noveles

1.- Mostrar una profunda actitud de respeto hacia el alumnado en todo momento.

2.- La responsabilidad de lo que sucede en el aula corresponde al profesor.

3.-La ilusión del profesor por la materia que imparte se vuelve contagiosa para el alumnado. La desidia, también.

4.-Cada persona es responsable de sus actos y el profesor lo debe dar a conocer con su propio ejemplo.

5.-Conviene no realizar afirmaciones que posteriormente no se puedan cumplir.

6.-La confianza no se da a los alumnos, se conquista mutuamente.

7.-Las tareas que corresponden al alumno nunca deben hacerlos ni el profesor, ni los padres.

8.-Repetir las mismas observaciones, una y otra vez, es infravalorar la inteligencia del alumno.

9.-Una clase bien preparada es fuente inagotable de sinergias educativas.

10.-Si se desea conectar con el alumno comprueba que te miran a los ojos.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Labios de la madrugada

Labios de la madrugada

La luz silencia
las sombras de la noche.
Amanecer
en labios de la madrugada.

Esperando la visita del alba,
la tierra recoge en sus manos
irisados rayos de sol.
Alborada de rosas
fundidas en oro.

Desde el inmenso balcón
se acercan rojos y fucsias
derramados en el horizonte.
Amapolas distraídas
juegan con verdes y malvas,
como tus besos rúbeos en mi piel.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Gestionar la impotencia


         Un hombre se había caído en un barranco de unos diez metros de profundidad, pero antes de caer al vacío consiguió sujetarse en un saliente. Estaba solo. Los gritos de socorro eran desgarradores. Durante los primeros minutos intentó trepar hacia arriba pero no consiguió absolutamente nada. Prácticamente era imposible subir sin la ayuda de alguien. El hombre sabía que cuanto más tiempo transcurriese colgado de sus manos, más probabilidades habría de que alguien escuchara los gritos de socorro.
         Dada la gravedad de la situación en la que se encontraba decidió calmarse un poco y ello le permitió descubrir que existían dos puntos de la pared donde podía encajar sus pies. Ese descubrimiento le facilitaba el descanso de un brazo mientras se sujetaba con el otro. E iba alternando las extremidades. Continuó gritando palabras de auxilio. Pasaron los minutos y la respuesta exterior no llegaba de ninguna parte.
         Era conocedor de que esa zona no era transitada con frecuencia y solo un golpe de suerte podría salvar su vida. Diez metros era una caída libre considerable. Si se dejaba caer, tal vez tuviera fortuna y salvara la vida aunque su cuerpo quedase magullado y repleto de traumatismos. No sabía qué hacer. La decisión de quedarse agarrado terminaría por agotarlo físicamente y terminaría en el fondo del barranco. Optar voluntariamente por tirarse al vacío para intentar caer de una manera más controlada, también suponía un riesgo muy peligroso.
         Hasta aquí llega la descripción ficticia de esta situación. Si tú fueras el protagonista, ¿qué decisión tomarías?
         Cuenta el autor de esta historia que nadie pasó cerca del lugar en mucho, mucho tiempo.