martes, 9 de septiembre de 2014

La palabra

Se está perdiendo el don y el valor de la palabra. La palabra era la fuente principal de las relaciones y la firma del compromiso. Recuerdo las palabras cariñosas de mi madre, las afirmaciones éticas de mi padre, los consejos de los vecinos para que no me hiciera daño y advirtiera el peligro, los saludos sencillos, “buenos días”, “buenas noches”, ¿qué tal está usted?, por favor, muchas gracias, sería tan amable de… La palabra enmarcaba la cortesía para abrir las puertas del otro, marcaba la linde del respeto que le corresponde a cada ser. Al mismo tiempo tenía un significado profundo para todos. Se decía esa persona es una persona de palabra, ello garantizaba que la confianza que se podía depositar en ella estaba a prueba de todo. Los contratos se firmaban dándose un apretón de manos y bastaba la palabra dada para asegurar el cumplimento de lo comprometido en el pacto. Me estoy dando cuenta que ahora las cosas no son así. La gente dice una cosa y lo contrario al mismo tiempo. Todo vale y todo se puede justificar en función de la conveniencia temporal. Cada día aumenta el número de abogados y cada vez tienen más trabajo por la falta de palabra en la que se mueve la sociedad actual. Los triunfadores son aquellos que encuentran rendijas en la justicia y los perdedores quienes se fían de la bondad natural de la humanidad.

De “El mago Mangarín”

Rafael Roldán
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