Todas las opiniones no son respetables
En la
sociedad actual se ha instalado el aserto de que todas las opiniones son
respetables. Personalmente me parece una soberbia tontería. Ya sé que pensar de
esta manera lleva consigo el ataque irreflexivo de quienes se han empachado del
relato progre -yo diría retro- que se resume en la libertad de expresión como
el pilar de la sociedad moderna y democrática. Y sabemos que el relato progre
solo acepta lo que entra en sus esquemas sectarios, al resto que discrepe se le
encasqueta la etiqueta de facha y asunto solucionado.
Todas las
opiniones no son respetables. Si fueran así, estaríamos admitiendo que
opiniones a favor de la vejación de cualquier ser humano, serían respetables.
Que la opinión de un político sobre la oportunidad de una cirugía cardiaca es tan
respetable como la de un cirujano. Por poner unos ejemplos sencillos. En
realidad, hay muchas opiniones que, no es que sean respetables, sino que son
auténticas majaderías. Las opiniones se forjan en el proceso cognitivo y el
desarrollo intelectual de las personas. Por desgracia existe la idiocia para
muchos aspectos de la vida. Y, normalmente, los listillos que, en aras de
opinar de todo, muestran la desnudez de su retraso profundo en determinados
temas. ¿Hay que respetar también sus opiniones?
El respeto se le debe a la
persona. Por el mero hecho de serlo. Pero ello no va unido obligatoriamente a las
opiniones que profesen, especialmente si son injustas. La frasecita, que tanto
se repite, de “respeto tu opinión, pero no estoy de acuerdo” quizás habría que
eliminarla del vocabulario y sustituirla por “te respeto, pero tu opinión no es
respetable”.