viernes, 18 de septiembre de 2026

Vivir y sentir el valor de las pequeñas cosas

 

          Vivir y sentir el valor de las pequeñas cosas de la vida, no es fácil, pero es necesario e imprescindible. Nos pasamos la vida haciendo y soñando proyectos importantes. Cuando se es pequeño se quiere ser mayor, cuando se está estudiando la educación primaria se desea estudiar la secundaria. Se aspira a desarrollar una profesión y dejar la vida de estudiante.  Si se vive en soledad, se anhela encontrar una pareja y, muchas veces, cuando se vive en pareja, muchas personas se arrepienten de haberse comprometido. Cuando se consigue la independencia de los padres con la emancipación, se añora a la familia con más intensidad. Si se paga un alquiler se aspira a comprar un piso en propiedad. Cuando el coche se hace viejo hay que cambiarlo. En fin… la vida parece una carrera hacia la consecución de cosas y más cosas. Y…

          Hay muchísimas cosas, pequeñas, inefables, maravillosas, que no se pueden tocar, pero tienen tanto valor… Para muestra un botón:

El olor a café recién hecho, el pan que acaba de salir del horno, la brisa matinal, el petricor con ese olor tan característico de la tierra mojada, cualquier puesta de sol, la sonrisa que no se espera de alguien, una palabra de esperanza, el guiño cómplice de un amigo, el sabor de la sopa de la abuela, un paseo por el sedero solitario preferido, remolonear en la cama un día de fiesta, escuchar la canción que te sumerge en la pasión de tus deseos, la ausencia del dolor de cabeza martirizante, el encuentro con la persona que siempre has esperado, contemplar la luna acompañada de un bosque de estrellas, la caricia improvisada, el abrazo que ojalá se hiciera eterno, el canto del jilguero una mañana fría de enero, el regalo de paz que nos trae la mar en cada una de sus olas, el regalo de silencio, un copo de nieve que funde su esencia con el universo, una palabra de gratitud, una llamada siempre esperada, el sentimiento del deber cumplido, anotar en el cajón del ser una limitación personal sin dejar de sonreír, …

          Vivir y sentir el valor de las pequeñas cosas puede ser maravilloso.

www.vivirysentir.es 

 

martes, 5 de mayo de 2026

Todas las opiniones no son respetables

 

Todas las opiniones no son respetables

 

          En la sociedad actual se ha instalado el aserto de que todas las opiniones son respetables. Personalmente me parece una soberbia tontería. Ya sé que pensar de esta manera lleva consigo el ataque irreflexivo de quienes se han empachado del relato progre -yo diría retro- que se resume en la libertad de expresión como el pilar de la sociedad moderna y democrática. Y sabemos que el relato progre solo acepta lo que entra en sus esquemas sectarios, al resto que discrepe se le encasqueta la etiqueta de facha y asunto solucionado.

 

          Todas las opiniones no son respetables. Si fueran así, estaríamos admitiendo que opiniones a favor de la vejación de cualquier ser humano, serían respetables. Que la opinión de un político sobre la oportunidad de una cirugía cardiaca es tan respetable como la de un cirujano. Por poner unos ejemplos sencillos. En realidad, hay muchas opiniones que, no es que sean respetables, sino que son auténticas majaderías. Las opiniones se forjan en el proceso cognitivo y el desarrollo intelectual de las personas. Por desgracia existe la idiocia para muchos aspectos de la vida. Y, normalmente, los listillos que, en aras de opinar de todo, muestran la desnudez de su retraso profundo en determinados temas. ¿Hay que respetar también sus opiniones?

 

El respeto se le debe a la persona. Por el mero hecho de serlo. Pero ello no va unido obligatoriamente a las opiniones que profesen, especialmente si son injustas. La frasecita, que tanto se repite, de “respeto tu opinión, pero no estoy de acuerdo” quizás habría que eliminarla del vocabulario y sustituirla por “te respeto, pero tu opinión no es respetable”.