martes, 4 de octubre de 2016

Palabras derramadas

En los ojos.
Esas miradas tristes que anuncian la soledad.
Esperando la sonrisa ajena, como el labrador
con la lluvia que preña su tierra de vida.

En la boca.
Esos labios cerrados y secos.
Voces apagadas desde el adiós
a los papás que los vieron crecer.

En los oídos.
El silencio vacío que sólo recoge
el murmullo de sus soliloquios entrecortados
con el brote de sus recuerdos.

Si pudieran escuchar
alguna palabra derramada en el fondo
del ser despertarían con el canto
matinal y alegre del gallo.

Si algunos labios pronunciaran,
al menos una palabra derramada,
en un nombre que alegre la vida.
Todo sería distinto.

Si una mirada se fijara en esos ojos
ávidos de compañía serena,
no caería ninguna lágrima
sobre las palabras derramadas en el desierto.

Las soledades nunca se harían fuertes en la noche.
El rumor de la lluvia anunciaría
el verdor intenso de los prados.
Bastan unas palabras derramadas…


Bastan unas palabras derramadas
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