viernes, 21 de noviembre de 2014

3 Claves para convivir

(Para ser conscientes de una vida con sentido)

Tres claves necesarias para mantener una armonía en la convivencia. Primero es necesario conocerse a sí mismo y aceptar lo bueno y lo menos bueno de nuestra forma de ser. El conocimiento de sí mismo proporciona los elementos pertinentes para actuar desde la consciencia que te proporciona la mente, como he señalado en el capítulo que hace referencia a ella. Segundo, conocer el entorno cultural donde te desenvuelves para comprender el desarrollo de las vidas de tus semejantes. Cada cultura dispone de unos elementos comunes como el lenguaje, el clima, la historia, etc. que conforman su propia idiosincrasia. Es conveniente saber interpretar el significado de los acontecimientos que se producen dentro de esa sociedad si se quiere estar a la altura de las circunstancias y no verse tan perdido como un pato en un garaje. No me resisto a subrayar las dificultades que surgen en el tipo de convivencia forzada, entendida ésta como no elegida y en la cual no queda más remedio que sobrevivir. Me refiero, por ejemplo, a trabajos donde las buenas relaciones son imprescindibles para la buena marcha del negocio y precisamente, no se tiene la potestad de cambiar a quienes no “caen bien”.  Y tercero, voluntad para la búsqueda del bien común. La convivencia implica una dimensión activa. Con-vivir. Vivir con otro es diferente a vivir conmigo mismo. Hay personas que basan sus relaciones en la aceptación o rechazo de lo que reciben de los demás. Es una forma reactiva de convivir. Siempre esperan recibir de los demás lo que ellos jamás han aportado. El egoísmo les impide entender las transacciones que se producen entre las personas que tiene a su alrededor y consigo mismas. Su objetivo es la consecución del bien propio y no desean el bien común, por tanto viven dentro de una sociedad que les sirve, pero sin encontrar el lugar de su vida. La convivencia exige estar dispuesto a salir de uno mismo y buscar en el otro el elemento de enganche personal. Si efectivamente hay voluntad de convivir con alguien en concreto, se ponen en marcha de forma casi automática, estas tres claves mencionadas anteriormente.
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