martes, 25 de noviembre de 2014

Anestesia


            Para desarrollar una vida con sentido es necesario despertar de la anestesia a la que nos tiene sometido el sistema. Hemos aspirado los gases que impiden hacernos sensibles a casi todo y por tanto no nos llegan al cerebro los estímulos pertinentes para enterarnos de lo que pasa en nuestro mundo. Vivimos dormidos, anestesiados, insensibles. Encima de una mesa de operaciones fría. Manipulados por quienes desean hacer de nosotros un cuerpo adaptado a su conveniencia.
            Nos quedamos paralizados ante las injusticias porque nos han extirpado el corazón de carne y lo han sustituido por uno de silicona. Nos han cambiado los ojos para que miremos en una sola dirección. Han insertado unos filtros en nuestros oídos para que solamente escuchemos un ancho de banda en las frecuencias audibles de unas determinadas palabras. Los índices de las manos se han deformado a base de golpear millones de veces el clic del ratón. Nos han atiborrado de programas que se descargan automáticamente en los móviles para que permanezcamos entretenidos en la soledad y desconectados de nuestros semejantes.
            Nadie despierta. ¿Dónde están esos educadores que hacen pensar a sus alumnos? ¿Dónde están esas escuelas que se resisten a cumplir los programas que les imponen y ofrecen alternativas educativas de desarrollo humano? Dónde se encuentran los políticos que buscan el bien común por encima del suyo. Dónde se explica el sentido de la verdad y la justicia, sin identificarlas con la legalidad. Dónde a se aprende el valor del respeto al otro por encima de todo como la base fundamental del significado de humanidad.

            Necesitamos despertar. Para que nuestras manos sientan cuando abrazan, nuestros ojos miren a los ojos y nuestros corazones palpiten al menor suspiro.    
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