jueves, 21 de agosto de 2014

Anciana

Un velo de sueños se desvaneció.
La mirada despertó tranquila al alba,
esa mañana clara,
donde el sol sintió la madrugada.

Bellos, sus ojos verdes robados,
a un felino salvaje
el primer día que vio la luz
fuera del vientre de su madre.

Oro, su ilusión bendita de amores.
Larga melena, catarata blanca
y caricia de recuerdos,
espuma efímera de sinsabores.

La calesa del tiempo se acerca al destino
con egregia sabiduría y paz.
Le espera la temida
en la puerta del edén, palacio desconocido.

La sonrisa dibuja un rostro feliz.
Sus arrugas, colmenas de un panal,
labores de obrera incansable,
cargadas de cariño y miel.

Ya tiene ganas de abrazar
el cielo azul, la blanca luz.
Mirar de nuevo los ojos negros,
del hombre que engrandeció su amor.

Rafa


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